Padre Julio Chevalier
La preocupación del P. Chevalier era el mal moderno. Siguiendo a Jesús, estaba preocupado por el género humano. Él escribió: “Jesús era feliz en derramar la ternura de su Corazón sobre los pequeños y sobre los pobres, sobre los que sufren y los pecadores, sobre todas las miserias de la Humanidad. A la vista de cualquier desgracia su Corazón se movía a compasión” (Const. MSC 6)
El P. Julio Chevalier llegó a comprender que Cristo, a través de su Corazón humano y divino, es la mejor manifestación del amor de Dios a los hombres. Este descubrimiento espiritual fue fundamental para su propia vida y su entrega a la fundación de una Congregación que tomase como tarea manifestar este “secreto”.

En la década de los 70 se dio en la Congregación (a la luz del Vaticano II) y con el impulso del P. Eugenio Cuskelly, Superior General, un redescubrimiento de las riquezas de su propio carisma: anunciar y compartir el amor misericordioso de Dios, comprometiéndose en una clara opción por los pobres. Esa opción caló de tal manera en algunos de sus miembros que tomaron opciones difíciles, arriesgadas y comprometidas, llegando a entregar por ellas su propia vida.
El P. Eugenio Cuskelly, MSC, dio un enfoque más profundo y renovado, así como un nuevo nombre a lo que hasta ese momento se conocía como “Devoción al Sagrado Corazón”. Entonces comenzó a hablar de la “Espiritualidad del Corazón”.
Una “Espiritualidad del Corazón” es admirablemente adecuada para ayudarnos en nuestras dificultades cotidianas y en los momentos más delicados. Podemos pensar que cuando entregó su vida por sus amigos, cuando su costado fue traspasado por la lanza, Cristo nos dio su Espíritu, este Espíritu pone amor en nuestros corazones y nos otorga la voluntad de servirle y de servir a nuestros hermanos y hermanas. Todo esto, y mucho más, va incluido en lo que denominamos una “Espiritualidad del Corazón”.
Esta Espiritualidad nos lleva a examinar nuestro corazón desde la misma mirada del Corazón de Jesús, con comprensión y misericordia. Con esa mirada nuestras debilidades se transforman sin desanimamos y modelando el espíritu que brota de la herida del Corazón Traspasado. Es en este amor en el que hemos aprendido a creer (1Jn, 4,16).
La Espiritualidad del Corazón no es una mera devoción al Sagrado Corazón como práctica de actos de piedad. Para dejarse transformar por ella es necesaria la contemplación. Contemplar al Traspasado y dejarse mirar por Él. En la Espiritualidad del Corazón el diálogo de la mirada y el silencio contemplativo son muy importantes, de allí brota una misión de amor y de misericordia. Esa es la misión MSC.